La calidad de nuestra democracia es igual a la suma de la calidad democrática de todos nosotros. Si nuestra democracia es una mierda es porque todos nosotros, en conjunto, somos una mierda.
El año 2011 nos trae una novedad revolucionaria: el Proyecto Gilipollas. Se trata de un método para rehabilitar a los gilipollas y convertirlos en personas amables, simpáticas y agradables. Todos nos vamos a beneficiar de este proyecto. Disfrutemos de: Proyecto Gilipollas.
PD: En realidad estoy hablando del corto que he presentado al festival Notodofilmfest. Puedes verlo pulsando aqui.
Depositó los fajos de billetes sobre la mesa. Después pasó a un plató decorado para un debate. Pero no había ninguna cámara y nadie iba a ver ese programa. Nunca. Un conocido presentador de televisión le saludo afectuosamente y le presento a su contertulio: un pedante periodista y polemista profesional. Se sentaron y comenzó el debate. Empezaron con política nacional. Discutieron acaloradamente durante un rato, hasta que el distinguido polemista tuvo que tragaste sus argumentos y le dio la razón. Para eso le habían pagado.
Sintió una inmensa satisfacción. Se relajó en el asiento y empezó a hablar sobre cualquier tema, daba igual. Durante las siguientes dos horas, su contertulio estaba obligado a darle la razón en todo.
Resultaba muy caro, totalmente prohibitivo, por algo aquel burdel era el mejor de la ciudad.
Tú, ser perfecto, estas condenado a vivir en un mundo de humanos imperfectos. Personas que nunca estarán a tu altura, que nunca podrán entender tus grandes ideas, ni reírse con tus ingeniosos chistes. Siempre vas a sentirte infravalorado, tus méritos no se reconocerán suficientemente y veras como otros, que nunca valen tanto como tú, se llevan los premios y reconocimientos que mereces. Todo esto hará que dediques demasiadas horas de tu perfecta vida a lamentarte en soledad.Además te esta vedado el amor, nunca vas a encontrar alguien tan perfecto como tú, que te entienda y te comprenda. Nunca vas a querer cambiar tu forma de ser y tus costumbres y eso va a impedir que otra persona entre en tu vida.
Y todo esto a cambio de no decir nunca: lo siento me he equivocado, no lo sabía, soy idiota, perdón, lo hice mal, mejor me callo.
Tú no puedes decir esas palabras, qué putada para ti chaval.
Soy un diputado sin nombre, soy un diputado sin voz, soy un diputado obediente, soy un diputado sin opinión ni poder, soy un diputado cualquiera de un partido mayoritario. Supuestamente represento a una provincia pero muchas veces me resulta difícil recordar cual ¿Qué mas da la provincia por la que me he presentado? No me pagan por saber cuales son los problemas de mi provincia, transmitirlos en el congreso y buscarles solución. Me pagar por ser obediente, me pagar por votar lo que me mandan, me pagan por aplaudir cuando habla mi líder y abuchear cuando habla el contrario. Me pagan por apretar un botón cuando suena la campana. Me pagan por mantener la ficción de que el Congreso de los Diputados representa la voluntad popular. Me pagan por callarme lo que ocurre en mi partido. Me pagan por ocultar las corruptelas y los robos que realizan mis compañeros. Me llaman diputado pero en realidad soy un actor en una tragicomedia llamada democracia.
¿Como he llegado hasta aquí? No ha sido por ser el más preparado, ni el más inteligente, ni el más trabajador. He llegado aquí por ser fiel a mis jefes del partido, por ser un pelota, un lameculos inteligente que sabe que culo hay que chupar en cada momento. He llegado aquí porque me eligieron los líderes del partido, no los militantes, los militantes solo sirven para llenar plazas de toros cuando hay campañas electorales son pringados a los que se encomiendan las tareas más penosas y poco retribuidas del partido. No los necesitamos para financiarnos, para eso tenemos al Estado y a los bancos. Tampoco los necesitamos para conseguir votos, para eso tenemos la televisión y la publicidad. Solo los necesitamos para que llenen plazas de toros a cambio de un bocadillo y aplaudan cuando el líder hace una pausa dramática o un chiste sobre las debilidades del contrario. También los necesitamos para darle al partido una apariencia de organismo democrático, que parezca que nos importan los problemas de la gente. Que parezca que el partido llega a todas partes y que todas las inquietudes de la gente se recogen y llegan al gran líder. Pero para nada más. No llegan ni a la categoría de peones en este juego. Como mucho los podemos comparar con el tablero. Un tablero sobre el que los políticos nos movemos y del que nos alimentamos.
De hecho la mayoría de los militantes no saben quien soy al igual que no lo saben la mayoría de mis votantes. Yo estaba en el puesto segundo o tercero de mi provincia, un lugar cómodo que me aseguraba el trabajo. Como ya les he dicho ese lugar me lo he ganado a base de medrar en mi partido, de darle la razón al líder de turno, de decirle a los que me podía favorecer lo que querían escuchar, de hacer el trabajo sucio que me pidieran, de traicionar y pisar a todos los que fuera necesario. Esto puede sonar fuerte pero solo es mi trabajo, mejor dicho la parte más importante de mi trabajo. Hay otra parte que consiste en hablar en mítines y ante periodistas negando todo lo que les acabo de decir y expresando mi honda preocupación por los problemas de España, pero esa es la parte fácil, todos hemos admitido sin problemas que los políticos no contestan a las preguntas que se les hacen, ni dicen nada interesante ¿no? A nadie le va a extrañar que mienta o que simplemente repita las consignas que me han indicado. A vosotros os da igual, vosotros habéis asumido que todo es una mentira una pantomima así que esa parte del trabajo es la fácil. La difícil es mantenerme en mi escaño, que no me expulsen de mi butaca de cuero del congreso y no penséis que vosotros me podéis expulsar, si alguien lo hará serán los líderes de mi partido, mis verdaderos jefes.
Quizá alguno penséis: “Vale tienes un puesto de trabajo estupendo, pero ¿no podrías arreglar algo, no podrías hacer que alguna cosa funcionase mejor?
No puedo, lo siento porque en el fondo me caéis bien pero no puedo. Os explicaré porque.
Lo primero. Mantenerme en mi puesto absorbe la mayor parte de mi tiempo, tengo que estar atento a los movimientos y luchas de poder dentro de mi partido para colocarme siempre en el bando vencedor. Eso me exige mucho tiempo.
Lo segundo. Se muy poco sobre cualquier cosa, no me han pedido ninguna titulación para estar aquí, no estoy formado para este puesto. Así que si quiero ocuparme de algún asunto tengo que leer muchos informes, contrastarlos, estudiarlos, hablar con gente. Eso es mucho trabajo. Además si hago algo corro el riesgo de equivocarme mientras que si no hago nada más que obedecer seguro que no me equivoco.
Lo tercero no estoy aquí para servir al estado sino para servirme del estado. Mejor dicho, para que mi partido se sirva del estado. Os explico. Los partido políticos somos grandes empresas que nos dedicamos a la gestión del poder estatal. Algo así como los directores generales de la democracia. Nuestro objetivo es el poder en si mismo pero, sobre todo, los beneficios personales que podemos sacar de ese poder: dinero, casas, coches, privilegios, etc. El Estado es un botín que explotamos mientras podamos mantenernos en el poder. Si el estado funciona de una manera ordenada es más difícil robar pero si el Estado funciona mal, si funciona de una manera caótica es más fácil robar. Así que no nos interesa que el Estado funcione bien. Solo algunas instituciones como Hacienda o la policía tienen que funcionar bien, aunque no demasiado bien, lo suficientemente bien como para que alcancen a todos menos a nosotros y a los que son más poderosos que nosotros y nos pueden destituir. Así que no podemos hacer que las cosas funcionen. No nos conviene. Una educación que funcione, que forme nuevas generaciones capaces de pensar por si mismas, no nos conviene. Una cultura libre que haga crecer las mentes, no nos conviene, etc. Así que, volviendo a lo que os decía al principio, no puedo serviros a vosotros, porque eso no interesa a mi partido, que es a quien sirvo.
Así que aunque quisiera no puedo ayudaros.
No voy a decir que todos los que estamos en el congreso sean como yo, también los hay peores, jajaja, es broma.
Nada más y nos vemos en la próximas elecciones, no me olvidéis soy el diputado al que vas a votar y que no sabéis quien es.
Entre pitos y flautas hace tres meses que no he publicado nada aquí. En ese tiempo me he ido a vivir con mi novia a una nueva casa, he aprobado el intermediate de ingles y he estado escribiendo un par de proyectos. Uno de ellos es la película política de la que hablaba aquí. Al final no va a ser una película. Creo que lo que yo quiero contar va a ser muy difícil de vender como guión cinematográfico, o a mi no se me ocurre la manera de venderlo, así que he decidido contarlo en forma de monólogo teatral. El teatro tiene la ventaja de que casi no necesitas dinero para contar algo y de que puedes mantener una independencia creativa total. Vamos, que puedes hacer un poco lo que te salga de los cojones. Ya tengo un primer borrador y voy a compartir algunos fragmentos a ver que respuesta recibo. Voy a empezar por este “Monólogo del político” creo que da una idea bastante clara de por donde van a ir los tiros.
Mi vida cambió para siempre cuando a los dieciséis años me apunte al grupo de teatro ¿O fue cuando vi “Tucker: the man and his dream”? Probablemente el punto sin retorno fue cuando comencé a escribir y dirigir cortos.
El caso es que no he encontrado otra actividad, que me de tantas alegrías y tantos sinsabores, como idear y contar historias.
Después de actuar, hacer monólogos cómicos, escribir, dirigir teatro y cortos, sé que lo que hago mejor es escribir.
"Tengo 10 mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!. El décimo dice: tienes que tener derecho al corte final de la película." - Billy Wilder