lunes, 12 de enero de 2009

EL NACIONALISMO DE ESPERANZA AGUIRRE


El nacionalismo en política es un negocio seguro. La gran mayoría ama la tierra en la nació, los paisajes conocidos, las calles de la infancia, las fiestas que vivió de niño o de joven, su idioma materno, en resumen su hogar. Si las ideas de un partido político prometen defender todo eso, tienen un montón de votantes asegurados.

Si a estas ideas le sumas una bandera y un enemigo externo, el éxito es casi seguro. Especialmente en España, donde todo el mundo cree que el chorizo de su pueblo es el mejor.

Hasta hace poco había una comunidad autónoma donde el nacionalismo parecía imposible: Madrid. En la capital vivimos gente de todas partes de España (y del mundo) y una de las mayores virtudes de la capital es uno de sus tópicos, que acepta a todo el mundo sin importar de donde venga.

Pero una empresaria de la política como Esperanza Aguirre no podía dejar pasar un negocio como el nacionalismo. En Madrid no puede reivindicar una bandera, ni una tradición, ni un idioma, pero le queda una de las bazas más importantes de cualquier nacionalista: el enemigo externo.

Desde que gobierna Esperanza Aguirre el culpable de cualquier problema en la Comunidad de Madrid es el gobierno de España. Siempre, sin excepción. Los problemas de seguridad, económicos, de educación, de sanidad… hasta si nieva, la culpa la tiene el Gobierno central. Si no me creen vean un informativo de Telemadrid y juzguen ustedes mismos.

Y saben lo mejor, que ese argumento tan simple funciona.
El nacionalismo es un gran negocio.

3 comentarios:

Pat dijo...

La espe saca todo lo malo que llevamos dentro... Pero en Madrid se ha votado para que asi sea y hay que sufrirlo, pero no en silencio como las almorranas, sino a grito pelao para que se entere todo dios.

José Ignacio dijo...

Totalmente de acuerdo.

Ya lo decían “Os Resentidos”.
“Ante mayorías silenciosas
¡¡¡Minorías más ruidosas!!!”

Abriéndome dijo...

El nacionalismo es el mejor negocio... Lo que me sigo preguntando a veces es por qué los pueblos votan lo que votan. Y por qué uno, que sabe que nació en un lugar por accidente, piensa que ese lugar es el mejor del mundo...